QUIERO VOTAR

Miércoles 4 de marzo. Raúl y yo dejamos a mi madre en el aeropuerto de Stansted a las siete de la mañana y damos la vuelta a Londres en busca del consulado español. Queremos votar. No no, está mal escrito. QUEREMOS VOTAR. Así, sí. Parece que los españoles que estamos fuera del país no contamos copón, y precisamente estamos fuera por culpa de la mala gestión que esos a quienes votamos hicieron durante años. Así que repito, QUEREMOS VOTAR.

Bueno pues votar por correo no es moco de pavo. Se parece un poco al cotilleo que puede haber en un pueblo:

– Manolita me dijo que menganita una vez votó

– Y ¿cómo lo hizo?

– No lo sé, creo que fue a Londres al consulado.

– ¿Hay que pedir hora?

– No lo sé, míralo por internet.

Pues bien, lo intenté mirar. Revolví Roma con Santiago y no aparecía nada. Solo logré informarme que para las municipales no se puede votar por correo. Y que para las autonómicas se acabó el plazo en diciembre. Sí, en diciembre. Bueno después de encontrarme con todo este tipo de trabas, pensé “pues ahora voto”.

Y pa allá que fuimos Raúl y yo, a buscar el consulado de España en Londres, como auténticos Paco Martínez Soria, sin tener ni idea dónde, cuándo o cómo. Solo sabíamos el qué, queríamos votar y el porqué, porque parece que ante las dificultades nos crecemos.

Llegamos al consulado. Y nos encontramos con una casa, parecida a la Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York. Unas escalerinas daban a la entrada del edificio y justo al principio de ellas había un cartel que ponía algo así como: el Guardia Civil os dará paso, mientras tanto esperar a la entrada de las escaleras, si está lloviendo os jodeis. Ni más ni menos. Alzabas la vista y veías que a la entrada estaba un Guardia Civil y una máquina de escáner como la de los aeropuertos o la que hay a la entrada de Hacienda. Tenías que quitarte el bolso, el abrigo, todo lo metálico y un poco más y hasta los zapatos. Y al lado de la maquinita otro cartel (va todo con carteles) “no se puede entrar en el edificio con comida o bebida”. Bien, pensé, menos mal que vino con nosotros Elena, una amiga nuestra que vive ahora en Londres con su marido Villoria, ex compañero mío de La Nueva España. Ella se quedó con nuestras mochilas llenas de agua y galletas, patatas y todas esas pijadas que tienes en el bolso cuando estás de turismo.

En fin, entramos y justo a la izquierda se encuentra un mostrador acristalado con dos funcionarios que te “asesoran” de a dónde tienes que ir para hacer la gestión por la que has ido. A nosotros nos atendió una chavala, joven, andaluza y que me dio la impresión que estaba allí por no estar en casa.

-Hola buenas, venimos a informanos sobre que hay que hacer para poder votar por correo.

– Eh…, ya, esto….., ¿estáis registrados?

– ¿Dónde?

– Aquí, en el consulado.

– Pues no la verdad.

– Pues primero tenéis que registraros. Os voy a dar unos papeles para que los rellenéis y nos los envies junto con un sobre vacío y con un sello para que os podamos devolver la respuesta.

– ¿Cómo? ¿Qué tenemos que pagar nosotros también la devolución?

– Eh…. Sí.

– ¿Y para votar?

– Eh… ¿a las municipales?

– No ¿no?, creo que no podemos.

– Ah…. ¿a las autonómicas?

– Vamos a ver, ¿no se pasó el plazo para las autonómicas?

– Pues… igual, igual. Buenos voy a por todos los papeles.

Estamos un rato esperando, viendo como la chavala cogía el teléfono, hacía unas fotocopias y sinceramente no nos hacía ni puñetero caso. Vuelve. Mira pa nosotros y nos espeta “¿querías algo?” Yo ya empezaba a encender la máquina, ¡a esta la pusieron aquí pa desesperar a la gente! Y fue justo cuando miro hacia arriba y leo, otro cartel, que pone algo parecido a: “según el real decreto de blablabla, no se pueden tener conductas inadecuadas con los funcionarios de este consulado”. Respiro hondo, miró para el Guardia Civil que seguía arriscándose la barriga mientras esperaba que llegara alguien para decirles “podéis pasar” y vuelvo a la carga con la hija de Einstein.

– Vamos a ver estamos esperando por los papeles para registrarnos y poder votar por correo.

-Ah sí, es verdad.

Nos trae los papeles y nos dice que los tenemos que enviar, completados con el sobre y el sello que antes os conté, y con el dni. Pero el dni original, nada de copias. O eso, o volver a Londres con cita previa para hacer todo este papeleo. Vamos, que facilitan las cosas que no veas.

– A ver, yo no quiero que mi dni este viajando por correo ordinario, ¿no hay otra manera?

– Sí, ¿tenéis aquí una fotocopia compulsada del dni?

– ….Sí oh, tengola aquí junto al kit de supervivencia… No, no la tenemos…

(Unos segundos de cruce de miradas y digo)

– Si hacemos la fotocopia ahora nos la puedes compulsar.

– Sí.

Bien, llegamos a algo. Vamos a buscar la tienda para hacer una fotocopia, la hacemos y damos la vuelta. Alrededor de 15 min, tirando por lo alto. Volvemos a hacer la misma operativa de esperar a que el Guardia Civil nos diera paso, pasamos por el escáner etc. etc. Con la misma cara de pánfilos nos ponemos delante de la tía quince minutos después y cuál es su respuesta “¿hola en qué os puedo ayudar?”. Bueno no nos reconoce, voy a decirle que estuvimos aquí hace 15 MINUTOS hablando con ella. Parece que la cara de pánfila ahora es la de ella. Después de dos o tres minutos interminables, reacciona. La situación fue parecida a la que creaba Tonino de Caiga Quien Caiga cuando preguntaba y se quedaba callao mirando al entrevistado… quien haya visto ese programa sabe de lo que hablo. La señorita andaluza nos da los papeles y nos vamos por donde hemos venido.

Pero mi asombro ante la ineptitud del funcionariado del consulado español en Londres, que por cierto ¿cuántos españoles habrá ahora mismo en Inglaterra? ¿un millón? ¿ye normal traer a trabajar a este país a lo más tonto del panorama nacional? Bueno a lo que iba, que me guardé lo mejor para el final. La segunda vez que fuimos al consulado a entregar la fotocopia del dni, tuvimos que esperar como cinco minutos a que la funcionaria atendiera a otra compatriota. Esta buena mujer se había presentado en el consulado más perdida que un pulpo en un garaje, cargada de papeles y con la esperanza de que le echaran un cable en el consulado español, por eso de que hablamos el mismo idioma, entre otras razones… como que es su puñetera obligación. Bien, lo primero que le dice la funcionaria es “¿pa qué traes tantos papeles?”

– Bueno, es que quería registrarme y no sabía muy bien cómo hacerlo.

– Para registrarse hay que rellenar unos papeles y pedir cita en el consulado para entregarlos o mandarlos por correo. Además, ¿tienes un sobre para meterlos?

– No no traje sobre, pero puedo ir a comprar uno. ¿Sabes dónde se puede comprar?

– Si (levanta el brazo como el que se estira nada más despertarse y suelta…), pa allá.

La chavala no sabía si reírse o llorar ante la respuesta de la funcionaria. Queda mirando pa ella unos segundos y…

– Pa allá, ¿pa dónde?

Vuelve a levantar el brazo y repite:

-Pa allá…. ah! pero espera que también tienes que meter dentro un sobre y un sello para que te los devolvamos y allí no hay sellos. Será mejor que vuelvas otro día con todo.

-Buenos pues nada… oye, perdona, es que acabo de aterrizar en Inglaterra y mi inglés no es muy bueno, ¿me puedes decir como se dice sello en inglés?

– eh…. pues mira…. eh….. no lo sé, que te ayuden en la tienda.

FIN DE LA CITA

Joven, en teoría estudiada y trabajando en el CONSULADO ESPAÑOL EN INGLATERRA, en el área de información, de cara al público y la tía no sabe decir sello en inglés. ¿Qué mi madre ye esto? Para las oposiciones a Ujier de las Cortes Generales hay un examen de inglés y resulta que para trabajar en el consulado español en Inglaterra ¿no? Un simple Ujier debe ser bilingüe para llevarle el café a los parlamentarios, que no tienen ni puta idea casi ni de español. ESTO ES UNA BROMA.

Voy a votar, vaya que si voy a votar, cada día me dais más razones para hacerlo. 

Cuando hay que estar, estamos…

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Podría quedarme callada, sí claro. Qué gano yo ahora mismo sacando la lengua a pacer, como se dice en mi tierra. Pero desde que me levanto, hasta que me acuesto, desde que cierro un ojo y hasta que me despierto tengo un pensamiento recurrente, pesado, cansino, sinceramente doloroso. No se si es pena, es impotencia o es rabia, no tengo ni idea, pero me entristece ver como mis compañeros, porque para mi siempre serán mis compañeros, se están jugando el tipo, el sueldo, el futuro y sacando el valor de no se donde y han reclamado justicia. Ya es hora hombre. Además es que mis compañeros, manda huevos, les gusta jugar con fuego. Primero se jugaron la vida intentando hacerse un hueco en ese mundo tan turbio como es el periodismo. Es más, hicieron que su vida se resumiera en teclados, teléfonos, grabadoras, prisas, preguntas y orejas pegadas detrás de la puerta. Después siguieron jugándose, en este caso la salud, intentando sacar adelante uno de los diez periódicos más vendidos de España. Horas y horas delante del ordenador. Juntaban semanas como el que junta calcetines después de hacer la colada. Esfuerzo, tesón, cabezonería. Ellos amaban su trabajo, ¡joder vaya si lo amaban!.

El problema es que no les dejan seguir amándolo. No les dejan trabajar. No les dejan crear. No les dejan sacar de sus entrañas la vocación que ha hecho que hasta ahora hayan estado en silencio. Pero es que llega un punto, en que la raza, el razocinio, la coherencia y sobre todo la mala ostia se adueñan de uno y &lo politicamente correcto& pasa a segundo plano para hacer lo correcto. A secas.

No hay que olvidarse que los periodistas le echan muchas ganas a la vida. Que conviven muchas horas al día entre ellos, más que con sus familias. Que cuando tocas a uno, los tocas a todos. Y algo que se había olvidado, volvió a salir a flote y la gran parte de la redacción se unió. No solo periodistas, si no todos aquellos que hacen posible que el periódico llegue a la mano de los lectores día tras día.

¿Por qué no se hizo antes?, pues igual es una pregunta que hay que hacerse, claro que sí. Hubo más despidos, más maltratos, mas desigualdades y más injusticias. Pero el vaso, que digo el vaso, la jarra se llenó y el agua rebosó, sencillamente.

Estoy con vosotros compañeros. En cuerpo, en alma y en pensamiento. Sé que todo saldrá bien, porque sois demasiado valiosos. Sois demasiado profesionales. Sois demasiado buenos para dejaros marchar. Hay que hacer ruido. Esto no se puede quedar así.

Dejen a los periodistas trabajar. Son demasiado listos, fuertes, coherentes y valientes como para que nadie les ordene. Y que encima lo haga mal. 

Vuelta al ruedo

Comenzamos. Mi último post fue…. ni me acuerdo, llevo tanto sin escribir que tengo que volver a mirar las teclas del ordenador. Tengo razones de peso para justificar este abandono. Primero estuve buscando piso nuevo y después tuve que hacer la mudanza. Sé que lo de la mudanza puede sonar creíble pero lo de buscar piso, no tanto. En España quieres buscar piso y compras un periódico, das un paseo por las calles mirando los anuncios puestos en las ventanas de los edificios o incluso acudes a una inmobiliaria y en un día puedes visitar tres o cuatro pisos, si no son más. En Inglaterra, más concretamente en Bournemouth la jugada no es la misma. Primero te tienes que armar de paciencia, después tienes que recorrerte todas y cada una de las inmobiliarias de la ciudad, y te aseguro que son muchas, y como mucho puedes complementar la búsquera comprando un periódico de anuncios. Realizando todos estos pasos, como mucho, puedes ver un piso, o dos… a la semana. Sí sí, a la semana. Aqui la ley de la oferta y la demanda no existe. Solo hay demanda, la oferta es mínima, por lo que además de conseguir una cita para ver un piso que entre dentro de tus necesidades, tienes que andar vivo por que si no te lo levantan. Como lo lees.

Por ejemplo, nosotros quedamos varias veces con el agente para ver un piso y cuando llegamos a la agencia para dirigirnos a visitar el citado inmueble, el agente nos informa que ya está alquilado. “¿Cómo puede ser si lo colgasteis ayer? Sí lo sabemos, pero esto es Bournemouth”. Es decir, esto te obliga a estar pegado continuamente a los sitios web donde la inmobiliarias cuelgan sus nuevas adquisiciones y en cuando veas una que te cuadra, llamar y quedar para una visita. Te darán cita para ese mismo día y si logras ir a verlo y te gusta, inmedianamente decir que sí “in situ”. Una locura. Yo no estoy acostumbrada a no tener ni una sola hora para pensar los pros y los contra.

Otro ejemplo, para que veais como se las gastan. Quedamos con un agente para ir a ver un piso, pero esta vez no nos citamos en la agencia, sino ya en el inmueble. Llegamos los cuatro, lo vimos, nos gustó y le dijimos que le queríamos. Nos recomendó ir a la agencia en ese momento para ir preparando papeles y nosotros nos dirigimos a la agencia andando y él en coche. Cuando estábamos llendo nos llama por teléfono para disculparse porque en el tiempo que nosotros estábamos visitando el piso, otros ya lo habían alquilado. Impresionante.

Esto es Inglaterra, encontrar trabajo es fácil, hay por doquier, lo difícil es encontrar piso donde poder ir a dormir. Tienes dinero pero no eres capaz a gastarlo.En España gastas lo que no tienes, porque hacerte con un piso es sencillo, pero encontrar curro para poder pagarlo es meramente que imposible. Como mucho puedes recalar, si quieres y temporalmente, en un &flat& que es algo así como los pisos patera españoles. Muchas habitaciones, pocos baños y una cocina para todos. Vamos, en lo que vivía yo antes y casi me tiro por la ventana.

Pero aquí no acaban los entresijos. Una vez que logras que te &reserven& el piso que medianamente te gustó (no hay manera de que te guste del todo, hay que coger lo que te den y callarse la boca), tienes que pasar las referencias. ¿Qué es eso? muy sencillo, ellos llaman a tu trabajo, a tu banco, a tus amigos, incluso a tu antiguo trabajo, y si sus interlocutores les dicen que eres la mejor curranta del mundo, la mejor persona de la tierra, nunca tuviste un descubierto en la cuenta y encima ganas más de una cifra que ellos mismos ponen, el piso es tuyo. Por supuesto, no hay que olvidar, que para que te hagan las referencias tienes que pagar a la agencia, en nuestro caso 150 libras por cabeza. Y somos cuatro. Vivan las matemáticas.

Si no pasas las referencias, te quedas sin el dinero. Si las pasas, el piso es tuyo. La diferencia con España es que no tienes que pagar un mes a la agencia, ya con lo de las referencias van que libran. Y en el momento que te den el piso, hay que esperar, más o menos quince días, para que te den las llaves.

Y luego la mudanza, poner internet en casa etc etc etc, pero eso es similar a España.

Esta fue la razón de tener el blog abandonado. Comprensible ¿no?.

Lo que más me llama la atención de este sistema es que funciona, quiero decir, que la demanda traspasa la oferta y para los nuevos inquilinos es un poco estresante buscar piso, pero eso quiere decir que no hay casi pisos vacíos. Bournemouth es una ciudad costera, tipo Benidorm, y esta llena todo el año. Sobra el trabajo y son muchos los jóvenes ingleses y europeos que se acercan a este lugar para poder aprender inglés y mantenerse a base de trabajos de cara al público que en la mayoría de sus países están mal pagados y que aquí te dan para pagar facturas, vivir bien y encima ahorrar. Inglaterra no apuesta por las nuevas construcciones, intentan arreglar los que ya existen, arreglar entre comillas porque si que tienen menos calidades, pero viven y viven bien. No tiran el dinero en desbordar las ciudades de edificios vacíos, utilizan ese dinero para los ya existentes y gastan menos. Igual deberíamos tomar nota

http:/http://www.cuatro.com/conexion-samanta/programastemporada-06/t06xp04-londres-segunda-oportunidad/Londres-segunda-oportunidad_2_1732530156.html

Periodo de adaptación

Globo ubicado en the Bournemouth Garden's.
Globo ubicado en the Bournemouth Garden’s.

Yo no estoy acostumbrada a querer darle un beso a mi madre, a mi padre o a mi abuela y no poder hacerlo y no ver la luz al final del túnel. No estoy acostumbrada. ¡Soy hija única coño! ¿No dicen que los hijos únicos son unos consentidos?, pues siempre hice lo que quise, cuando quise y como me dio la gana, bajo unos límites claro. Si quería estar en mi casa, como mucho, esperaba al viernes, cogía el tren y en tres horas en casa. Ahora no y no me hace ni puñetera gracia.
Además de hoy, tuve más días de bajón, por supuesto. El primero de ellos fue al minuto de llegar a la que ahora es mi casa. Es decir, como cinco horas después de aterrizar en Inglaterra. Lo que tardas en llegar del aeropuerto de Londres Stanted a Bournemouth. Empezábamos bien nuestro idilio la Gran Bretaña y yo. Empezamos tan bien, tan bien, que lo primero que hice nada más abrir la puerta de la habitación es encender el ordenador y buscar vuelos de vuelta. Yo me iba pa mi casa. Yo en esa casa no pasaba ni un minuto. Hace poco cumplí un mes aquí, como cambian las cosas.
Me explico. Raúl, mi novio, llegó a Bournemouth mes y medio antes que yo con el encargo de encontrar trabajo y piso. Cuando encontró trabajo, dejé yo el mío en España y me vine para aquí. El segundo paso era encontrar humilde morada. Humilde sí, porque vaya precios que se gastan los ingleses en lo que a alquilares se refiere. Pasaban las semanas y yo desde España no entendía por qué Raúl no encontraba nada. Ni estudios, ni apartamentos, ni habitación en piso compartido, nada. Llegas a España y donde dormir encuentras en un minuto, trabajo para pagar donde dormir ni de coña. Llegas a Inglaterra y al día siguiente empiezas a trabajar y aunque tienes dinero no te dejan gastarlo, porque lo de encontrar piso tiene su guasa.
Cuando finalmente me dijo, ya encontré habitación pero las zonas comunes están un poco descuidadas, me puse tensa…. Pero ni punto de comparación de lo tensa que me puse cuando entré por la puerta de este piso. Sucio es poco, estaba lleno mierda, para hablar claramente. Los baños no eran blancos, eran marrones. Las tapas de los wáteres eran grises y las puertas de los armarios de la cocina brillaban y son mates. Como explicarlos sin que suene brusco… vivían una camada de cerdos. Lo siento, no hay otra manera de definirlo. Claro, nada más verlo dije que yo ahí no pasada ni un minuto más de vida, es más, que me iba para mi casa que yo la vida del estudiante ya la había pasado y con muy buenos recuerdos, no quería renovarlos por otros peores.

Vivo en un piso en el centro de Bournemouth con siete habitaciones, tres de ellas dobles, tres baños, un pequeño salón y una cocina. Mucha gente para ponerme a discutir con nadie, lo daba por perdido nada más empezar. Horas más tarde, pensándolo fríamente, viendo los pros y los contras, es decir, es barato, la habitación es grande, están todos los gastos incluidos y a diez minutos del trabajo y a cero del centro, porque vivimos en la plaza de la Escandelera, para que os hagáis una idea, decidí darle una oportunidad. Raúl y yo compramos todos los productos de limpieza que había en el supermercado de debajo de casa, guantes hasta el codo y decidimos hacer una limpieza general, entre otras cosas para poder comer e ir al baño mientras pensábamos que hacer. Seis horas y siete bolsas de basura de las grandes después la cocina parecía una cocina. Tres horas y dos botellas de lejía después uno de los baños estaba utilizable. Gracias a Dios comenzaron a cambiar los compañeros de piso y llegó el orden a la casa.
Lo peor de todo esto no es que hayamos topado con los más cerdos de todo Inglaterra, lo peor es que todos los que estuvieron en este piso antes de la transformación dicen que era un palacio, que en otros lugares la basura se esparce por el suelo. Qué pelas una patata, nada hombre, tiras la peladura al suelo, total qué más da, es orgánico. ¿Pero vamos a ver? A esta gente nadie la educó, en qué momento una persona pierde la consciencia entre el bien y el mal. Cómo pueden vivir en esas condiciones. No sé, en fin. El problema, más o menos se arregló, pero aseguro que hice como la abuela piruleta y dije en voz alta “cuando yo tenía 20 años esto no lo hacía”. Cada vez me parezco más a mi padre.

PD: no agrego fotos, podeís imaginároslo. Hacerlo y luego multiplicarlo por 2.

Esto comienza

“¿Eres feliz?” me acaba de preguntar mi amigo Edu García. Reconozco que lo pensé un segundo, pero sí, soy feliz. Debe ser la primera vez que contesto sin quejarme de algo. Me acabo de llevar una grata sorpresa, pero es que no podemos pedir más de lo que en estos pocos días la vida nos está dando.

Llegué Inglaterra el 9 de octubre, cómo para olvidarlo. No es que haya sido el trauma de mi vida, ni la experiencia más gratificante que recuerdo, simplemente fue un cambio que hay que cortar, masticar, y lo peor de todo, tragar. Yo todavía estoy rumiando, la comida llegó al estómago, pero sin mascar, ahora hay que darle tiempo. Serán mis 30 años, mi forma de ser o la actitud con la que he llegado aquí, no lo sé, pero no puedo hacer como muchos de los que aterrizan en Inglaterra y gritan a los cuatro vientos que esto es lo mejor. Aún así, soy feliz.

Dejé un trabajo seguro en mi ciudad natal, Oviedo, en una empresa “curiosina” como se dice por allí, para coger la maleta y venirme a Inglaterra. Tengo que hablar inglés, necesito hablar inglés, me piden hablar inglés y además tengo que hablarlo ya. Solución: coger el toro por los cuernos y sumergirme en la cultura y el idioma inglés de cabeza. Ja! Idioma inglés, sí, claro, por si nadie se había dado cuenta, aquí, exactamente en Bournemouth, al sur de Inglaterra, dónde estoy yo, lo van a rebautizar con algo así como “San Juan de Alicante”, o “Vals de algo”. Toda la juventud de la Comunidad Valenciana que no tiene trabajo o que está cómo yo, vive aquí. ¿Porqué de Valencia? Pues porque hay vuelos baratos directos desde Alicante. Fácil y sencillo. También puedes encontrar algún despistado que viene del norte de España, como nosotros, que tiene que hacer la tres catorce para poder coger un vuelo a su tierra. Digo nosotros, porque en esta aventura no vine sola, estoy con mi pareja Raúl. La verdad que él y nuestra amiga Andrea me han facilitado todo. Me encontraron trabajo, casa y vine casi a mesa puesta.

Aunque los españoles seamos mayoría por estos lares, se sigue hablando inglés por norma en cualquier situación, eso los guiris lo llevan por el libro. Son igual de rectos que en las películas, igual de rubios y comen igual de mal, pero todo esto para siguientes posts, ahora toca presentación.

Mi trabajo de oficina en Oviedo, veinte mil horas a la semana y noches sin dormir, lo he cambiado por ser uno de los miembros del servicio de habitaciones del hotel Savoy, 28 horas semanales, 720 libras al mes. Cómo de la noche al día. Hacer habitaciones y limpiar no es precisamente la panacea, pero me deja medio día libre y me da para pagar el alquiler y vivir. Vivir mejor que en España. Hora extra trabajada, hora extra pagada. Trabajo extra voluntario que haces, diploma que te llevas a tu casa, bombones, botella de vino y una palmadita en la espalda. Cuánto tiene que aprender mi querido país en este campo. Esta política laboral es de lo que más me ha llamado la atención.   

Por lo demás reconozco que por ahora Inglaterra no me engancha. Londres no es Inglaterra, que quede claro para el que ya está pensando “pues yo fui a Londres y me gustó”. Pero bueno, cuando empecé la carrera marché a Valladolid llorando y volví seis años después a Asturias llorando más. Así que no puedo asegurar nada. Eso sí, lo de l%a “morriña” es duro de narices. Yo lo leía e incluso lo escuchaba de boca de algún amigo que ya lleva años en el exilio, pero hay que vivirlo. Es como un agujero negro en el estómago donde, yo por ejemplo, meto a mis padres, a mi abuela, a mi familia y amigos, y los mantengo a raya a base de antiácido. Complicado sí. Espero que el esfuerzo valga la pena. Mañana más.